Sevilla — 2019
Corte Sur
hombro armado, lana fresca, cualquier martes
Corte SurSevilla, 2019
El hombro que no pide permiso: la sastrería sevillana de Corte Sur sale a la calle
En un bajo de Triana, Lola Carmona corta chaquetas de hombro marcado y talle alto en lanas que aguantan junio. Sastrería sevillana sin folclore, a pedido y para cualquier cuerpo.
- Texto
- Irene Salvatierra
- Fecha
- 14 de mayo de 2026
- Lectura
- 5 min de lectura
Cosemoshombrosquesenotanytallesquesuben,conlanasquedejanpasarelaireypatronesquenopreguntanquiéneres:sastreríasevillanacortadaenTriana,apedido,sinprisaysinfolclore,paraponerseenlacallecualquiermartesynosoloenlabodadeprimavera.
A las once de la mañana la calle Castilla ya no perdona, pero dentro del taller de Corte Sur, un bajo de Triana con las persianas a media asta, se está bien. Huele a vapor de plancha y a lana. Sobre la mesa de corte hay un patrón de chaqueta sujeto con pesas de hierro y, colgado del perchero, un traje gris perla que espera su segunda prueba. Lola Carmona, la fundadora, entalla una manga con los alfileres en la boca y, sin levantar la vista, dice que el calor es el primer cliente al que hay que convencer.
Corte Sur nació en 2019 con una idea sencilla y bastante testaruda: que la sastrería sevillana de toda la vida, la de hombro armado, talle alto y chaquetilla que no llega a la cadera, podía salir del armario del traje corto y de la boda de primavera y ponerse en la calle cualquier martes. Carmona se formó en un taller clásico del centro, de los que todavía cortan con tiza y jaboncillo, y pasó tres años en una casa de moda en Barcelona antes de volver. Lo que se trajo de vuelta fue una manera de patronar más libre; lo que no perdió nunca fue el gusto por una hombrera que se note.
El hombro manda
El patrón de Corte Sur parte de la chaquetilla del traje corto (corta, entallada, con el hombro bien plantado) y de la americana sevillana de solapa estrecha, pero lo abre a cuerpos que la sastrería tradicional nunca contempló. No hay línea de hombre y línea de mujer: hay una tabla de medidas y tres bases de patrón, recta, entallada y con más caja, que se ajustan en prueba. Los pantalones suben hasta la cintura natural, con pinzas profundas y pierna recta, y las chaquetas se cortan para que caigan igual sobre un pecho plano o con volumen. Carmona insiste en que no es un gesto conceptual, sino un problema de geometría que había que resolver con la cinta métrica en la mano.
La hombrera marcada se inventó para dar autoridad a hombres bajitos. A mí me parece que esa autoridad la puede llevar cualquiera. Nosotros la cosemos y ya, que cada uno decida qué hace con ella.
Lo otro que hubo que resolver fue el clima. Una chaqueta de sastre en Sevilla en junio suele ser un castigo, y por eso Corte Sur trabaja casi solo con lanas frías: fresco de lana de 220 gramos, mezclas de lana y lino que arrugan con dignidad y un tropical de lana y mohair que apenas pesa. Los tejidos vienen de dos fábricas de Sabadell y de una tejeduría de Béjar que estuvo a punto de cerrar y con la que Carmona negocia metrajes pequeños a cambio de encargos fijos. Los forros son de cupro, no de poliéster, y en las piezas de verano se forran solo las mangas y la espalda, como hacían los sastres de aquí antes del aire acondicionado.
Cuatro manos y un maniquí
Todo se corta y se cose en el taller de Triana. El equipo es pequeño: Carmona, un cortador que aprendió el oficio en una sastrería militar, una oficiala de chaquetas que llevaba veinte años cosiendo para otros sin firmar nada, y una pantalonera externa que trabaja desde su casa en el Cerro del Águila. No hay stock. Las piezas de la colección se hacen a pedido, con una entrega de entre cinco y siete semanas y una prueba intermedia, presencial o por videollamada para quien no vive en Sevilla. Los precios (una chaqueta arranca en unos 680 euros) no son de cadena, pero tampoco de sastrería a medida clásica, y ese hueco es exactamente donde la marca ha decidido plantarse.
No quiero crecer si crecer significa mandar la producción fuera. Prefiero vender menos chaquetas y saber quién ha cosido cada una.
La última colección, presentada a principios de mayo en un patio de la calle Feria con más sillas plegables que fotógrafos, se llama Sombra y es la más despojada hasta la fecha. Ocho piezas: una chaqueta cruzada de solapa de pico en fresco crudo, otra recta en gris humo, un chaleco largo con espalda de forro, dos pantalones de talle alto, una falda pantalón y una camisa de lino con puño de sastre. Los guiños al traje corto siguen ahí (el hombro, el largo de la chaquetilla, un botón forrado en el puño), pero sin folclore: no hay pasamanería ni caireles ni nada que huela a feria. Es la sastrería andaluza reducida a la estructura, y funciona precisamente porque no explica nada.
Para el otoño trabajan en un abrigo, el primero de la casa, y en abrir el taller un sábado al mes a quien quiera ver cómo se monta una chaqueta de principio a fin. Carmona no habla de expandirse ni de tiendas: habla de comprar una segunda máquina de ojales y de convencer a la fábrica de Béjar para que teja una lana un poco más ligera. Son objetivos modestos, y en Corte Sur eso parece más un método que una limitación.